Diego Costa tenía en el bolsillo ser el nueve de una Brasil con ganas y cartel para ganar un Mundial en casa pero eligió defender el título con La Roja. Tras una temporada de escándalo en el Atlético de Madrid daba igual el esquema: la selección debía estar formada por Diego Costa y 22 más.
Costa venía de devorar defensas rompiendo al espacio y rematando lo irrematable en un Atleti contagiado por su gen ganador. El hispanobrasileño no casaba con el ataque estático y las interminables posesiones del equipo de Del Bosque, pero era impensable no celebrar que eligiera España una vez descubierto el voraz delantero que podía llegar a ser.
Tras nueve partidos y un solo gol, el debate sobre su continuidad en La Roja se ha vuelto crónico y es imposible no empatizar con su rostro desolado tras su actuación ante Macedonia. Diego Costa siempre fue el foco de las críticas, el malo de la película debido a su carácter grosero y polémico. Seguir atizándole no ayuda a una adaptación ya de por sí complicada por su condición de nacionalizado. Pegarle como si de un cromo se tratara sobre un esquema desgastado y esperar una genialidad que acalle las críticas hace un flaco favor al delantero del Chelsea.
Del Bosque cuenta con un punta feroz capaz de decidir partidos y, por qué no, campeonatos. Conociendo su incapacidad de adaptación al sistema de toque español, lo lógico habría sido mover un par de piezas para reforzar la figura de Costa de cara a una Eurocopa en la que no llegaremos lejos si nos sigue faltando gol. Lejos de defender su silueta, el debate ha dado un vuelco y se sitúa ahora en proceso de desprestigiar al del Chelsea -injustamente- en lugar de intentar acomodarle el esquema con el objetivo de convertirle en un factor determinante.
Los números de Diego Costa la temporada pasada, mejorando a delanteros como Agüero o Kane, no deja lugar a dudas: su presencia debe ser indiscutible.
Koke, Isco, Silva... Son jugadores que la quieren al pie y disfrutan con la precisión. Pedro o Costa, por ejemplo, se regocijan más con balones al espacio. ¿No están capacitados Del Bosque y esta selección para manejar distintos registros y entremezclar ataques rápidos con jugadas de posesión? Renovar el juego de España dando el centro del campo a Koke o refrescando el ataque con dos delanteros que puedan compenetrar sus movimientos como Alcácer o Costa son alternativas reales, pero de momento Del Bosque no se atreve a probar ni ante rivales como la todopoderosa Macedonia ante la inseguridad de un tropiezo que reviva las críticas enterradas por los pitos.
En el FC Barcelona de Luis Enrique tiene un claro ejemplo de lo que necesita esta selección. Durante la pasada temporada el Barça controló sus partidos mediante el balón pero aumentó sus posibilidades manejando otro tipo de registros como salir a la contra. Lanzar contraataques rápidos y precisos potencia la figura de jugadores como Pedro o Costa y en un torneo corto como lo será la Eurocopa es conveniente manejar todo tipo de alternativas.
El toque es una filosofía marcada por los títulos pero los rivales han aprendido a plantarse y a ser pacientes ante la avaricia de España en cuanto al control del balón. De momento Del Bosque confía todas sus fichas al Plan A mientras cuenta con las cartas necesarias para llevar a cabo una jugada maestra. Diego Costa es ese AS en la manga que puede darle crédito al marqués y reflotar la confianza en esta selección de cara al próximo verano. El tiempo dirá si se atreve a utilizarlo.
